La base del proyecto aprendiendo a aprender es la creencia de que los excluidos
en el siglo XXI serán aquellos que no sepan cómo aprender. En el pasado se
consideraba perfectamente normal dejar la escuela a los 16 años y considerar que
el aprendizaje se había acabado. La mayoría de los hombres esperaban
conseguir un trabajo de cuello blanco con pequeños cambios respecto al de su
padre, mientras que la mayoría de las mujeres esperaban estar en sus casas y
atender una familia. Sólo un 2% o 3% de los que dejaban la escuela iban a la
Universidad o a Escuelas Superiores.
Hoy, este cuadro parece muy distante en la memoria. En el mercado laboral,
“un trabajo para toda la vida" ha desaparecido, las mujeres están alcanzando a los
hombres y las nuevas tecnologías están transformando la manera de cómo
trabajamos.
Estos cambios están enlazados con los cambios en la economía global. Para
hacer frente al incremento de la competencia desde economías emergentes,
donde la mano de obra es barata, las economías de los países más desarrollados
han ido cambiando desde la fabricación a gran escala a industrias de alta
tecnología, tales como la aéreo espacial y la farmacéutica, y creando servicios de
valor añadido.
Además, los avances tecnológicos en ordenadores y el uso de Internet han
impactado de manera tremenda en las maneras tradicionales de trabajar. En el
pasado una enorme cantidad de trabajos no requerían ni siquiera unas
habilidades básicas de alfabetización, hoy la gran mayoría obliga a poseer unas
habilidades intelectuales intermedias o avanzadas.
Igualmente, nuestra forma de trabajar ha cambiado. Trabajos flexibles, trabajo en
casa, a tiempo parcial, trabajos compartidos, proveedores independientes; las
opciones de empleo nunca han sido tan variadas, con el peligro de que aquellos
que no tienen las habilidades necesarias estarán sujetos a una falta de derechos
laborales o perderán las oportunidades de entrenamiento y desarrollo.
Cada vez más se establecen lugares de trabajo en red, donde la tecnología
permite la comunicación con personas de todo el mundo, tan fácilmente como lo
hacemos con nuestros vecinos, premiando a los que tienen habilidades de
comunicación. Las relaciones son las que marcan los nuevos límites.
La evidencia es clara: las personas con pocas habilidades corren el riesgo, cada
vez mayor, de la exclusión social y económica. El Aprendizaje continuo es
necesario no sólo para mantenernos, si no para permanecer en la cima de la vida
profesional. Y esto es ir más lejos que poseer el éxito individual: mantener nuestro
nivel de vida requiere un aprendizaje profundo tanto para el desarrollo personal
como para el desarrollo de nuestra colectividad.
La pregunta última y más fundamental permanece. ¿Nuestro sistema de
educación actual motiva y prepara a los jóvenes para vivir en el siglo XXI?
Es destacable lo poco que se hace esta pregunta relacionada con la actividad de
los colegios actuales. Mientras que ocasionalmente se debate acerca del
contenido preciso del currículum nacional y las cuestiones de los padres acerca
del estrés que se impone a los niños, mediante los pesados sistemas de
evaluación de la mayoría de los sistemas educativos en el mundo, análisis serios
de las disposiciones y habilidades necesarias para el éxito del aprendizaje
permanente y las maneras en que puede ser desarrollado eficazmente por los
colegios, recién empiezan a aparecer en la agenda.